EL MUNDO ES UN LIBRO QUE AÚN NO HEMOS LEÍDO

MI LIBERTAD NO TIENE PRECIO: TIENE TU NOMBRE

POETA ES AQUEL QUE SE COMPORTA IGUAL ANTE UN REY QUE ANTE UN MENDIGO

TODO ES LITERATURA; DEPENDE DE COMO TE LO CUENTEN

LA MENTE ES COMO UN PARACAIDAS, SÓLO SIRVE SI SE ABRE

Thursday, 12 August 2010

Macondo o el vallenato más largo del mundo. y 2


Tayrona

En el parque Tayrona, en la sierra nevada de Santa Marta, los indios kogi cuidan de la armonía universal. De aquí baja un arroyo que se llama Macondo y aquí consigo ver por primera vez el árbol con ese nombre, que ignora su fama y se agarra a las rocas blancas y prehistóricas como las túnicas impolutas de los indios. Macondo es también el nombre de una finca de Aracataca y el de un mundo que nació mientras García Márquez viajaba en tren con su madre para vender la casa del abuelo y leía a Faulkner. A través de los platanales, "cada río tenía su pueblo y su puente de hierro por donde el tren pasaba dando alaridos, y las muchachas que se bañaban en las aguas heladas saltaban como sábalos a su paso para turbar a los viajeros con sus tetas fugaces". Hoy no pasará el tren (existe un proyecto para volver a ponerlo en marcha para el turismo). Es la guagua la que sigue entre plantaciones y niños desnudos hacia el horizonte blanco.

Cerca de Santa Marta, el calor es agudo como el hielo. Escolares con corbata recitan los últimos días de Simón Bolívar en la Quinta de San Pedro Alejandrino. García Márquez los recreó en El general en su laberinto (1989), alejándose de Macondo para caer en un laberinto literario del que le salvarían los vericuetos reales de Cartagena de Indias y sus mansiones coloniales. Aquí nacieron obras como El amor en los tiempos del cólera (1985), inspirada en los amores de sus padres, y Del amor y otros demonios (1994), donde narra la historia de la novicia adolescente Sierva María, que transcurre en el convento de Santa Clara. Amores prohibidos, contrariados, fértiles en hijos y en páginas.

Cartagena de Indias

Por la Ciénaga de la Virgen, de aguas dulces y saladas, entramos en Cartagena de Indias: sueño de piratas y de escritores. El calor se convierte en delirio y todos los demonios tienen nombre de mujer en el Portal de los Dulces: ajonjolí, cabellitos de ángel, maná de leche que curaron el amor de las doncellas, pero no la cólera de los esclavos. La ciudad es un párpado de piedra que se cierra en torno a la nostalgia de tiempos mejores. La casa de García Márquez se arrima a la muralla frente a un malecón por el que pasan coches que nunca se detienen. Una casa que Gabo casi no visita, quizá porque ya no le hace falta pisar el Caribe para recordarlo. García Márquez es el Caribe para millones de lectores de todo el mundo que padecieron el idilio de Sierva María y enloquecieron con el olor de las madreselvas.

"Para mí, el rincón más nostálgico de Cartagena de Indias es el Muelle de la Bahía de las Ánimas, donde estuvo hasta hace poco el fragoroso mercado central. Durante el día, aquélla era una fiesta de gritos y colores, una parranda multitudinaria como recuerdo pocas en el ámbito del Caribe. De noche era el mejor comedero de borrachos y periodistas. Allí estaban, frente a las mesas de comida al aire libre, las goletas que zarpaban al amanecer cargadas de marimondas y guineo verde, cargadas de remesas de putas biches para los hoteles de vidrio de Curaçao, para Guantánamo, para Santiago de los Caballeros, que ni siquiera tenía mar para llegar, para las islas más bellas y más tristes del mundo. Uno se sentaba a conversar bajo las estrellas de la madrugada, mientras los cocineros maricas, que eran deslenguados y simpáticos y tenían siempre un clavel en la oreja, preparaban con una mano maestra el plato de resistencia de la cocina local: filete de carne con grandes anillos de cebolla y tajadas fritas de plátano verde. Con lo que allí escuchábamos mientras comíamos, hacíamos el periódico del día siguiente". La voz de García Márquez resuena a lo largo del viaje, cuya mejor guía es Vivir para contarla (2002), sus memorias.

Muchas palabras después, el viajero metido a escribidor recordará los callejones de Cartagena donde un premio Nobel le enseñó que ser escritor no es otra cosa que estar loco y volvería a recorrer la ruta de García Márquez. Esta vez, con los ojos cerrados.

 Fotos: Parque Tyrona (arriba). Aracataca (abajo)

Saturday, 7 August 2010

Los ojos abiertos

Recupero este texto, publicado originalmente en la Revista Hispanoamericana de Cultura Otro Lunes.


LOS OJOS ABIERTOS

Cerraba los ojos y veía el rostro de Lorenzo. Le veía con los ojos cerrados y cuándo los abría, el dinosaurio ya no estaba pero el gran Lorenzo Silva todavía estaba allí.

Lorenzo y yo compartimos una “road movie” con escenas de acción como aquellas en las que corríamos por las calles entre una emisora de radio y un plató de televisión a punto de lograr el viejo sueño de la humanidad de estar en dos sitios al mismo tiempo. Desayunaba con Lorenzo y cenaba con Lorenzo. Los días en los que no estábamos de gira le echaba de menos. Tenía una conciencia de Lorenzo Silva, de su ausencia, similar a la que tienen los mutilados que sienten los miembros que les han amputado hace tiempo. Conocía las historias de Lorenzo Silva antes siquiera de que las hubiera escrito. Yo siempre había creído en un inconsciente colectivo en el que están todas las historias. Todas las lecturas, las relecturas, las cuartillas rotas no son sino modos de ejercitar el músculo de las palabras, de manera que en los escasos momentos en los que uno siente que le dictan pueda cazar al vuelo la voz que habla en esos instantes en los que se escribe en estado alpha, los momentos que unos llaman inspiración y otros epifanía: los escasos minutos que justifican una vida dedicado a un oficio que para muchos es quimera. Los años de trabajo permiten que esos momentos en que sientes que te dictan las palabras fluyan, que encuentres el tono, la voz y la respuesta. Lorenzo Silva y yo pronto descubrimos que oíamos la misma voz que nos contaba, a veces, las mismas historias. Cuando él presentó mi primera novela Los amantes tristes descubrimos que él estaba preparando una historia sobre Paris, que se parecía tanto a la mía a pesar de ser tan suya. A partir de entonces siempre me he encontrado a Lorenzo Silva en los momentos cruciales de mi vida. Presentó dos de mis novelas, fue generoso con una joven escritora y me colmó de elogios que quizá no merecía. Conocí a Lorenzo leyendo La flaqueza del bolchevique una novela corta que es una gran novela. El éxito del sargento Bevilacqua y su compañera Chamorro quizá ha eclipsado las que para mí son las grandes novelas de Lorenzo Silva: novelas como La flaqueza… y El nombre de los nuestros. Novelas negras en el sentido de que hablan de lo negro del alma a través de lo claro de las palabras. Por eso espero seguir encontrándome a Lorenzo Silva a través de las páginas y los kilómetros con los ojos cerrados y con los ojos bien abiertos. Porque él es el autor que ha ayudado a toda una generación a abrir los ojos.

Sunday, 25 July 2010

Ya no nos duele España


El Jurado del Premio Hucha de Oro: Javier Goñi, José María Merino, Luis Landero, Luis Mateo Díez y Eugenia Rico, celebrando el triunfo de la selección durante la entrega del premio de relato mejor dotado de la lengua castellana.


La victoria de España en el Mundial de Fútbol (y no el de Balonmano ni en el de Baloncesto, ni a las canicas, ni a quien la tiene más larga), ha significado un hito histórico comparable a la Batalla de Lepanto. Un “antes y después” en la epopeya de nuestro inconsciente colectivo. Si era cierto que lo que en Estados Unidos se había llamado “un perdedor” en España lo llamábamos “un buen hombre”, no era menos cierto que no estábamos acostumbrados a ganar, que la derrota era para nosotros una posición moral y hasta estética. Perder con honor, llegar segundo, merecer ganar, pero no ganar, eran toda una filosofía que no carecía de alicientes. Una historia desgraciada nos había hecho desconfiar de los ganadores y su prepotencia. El valor de una afición se materializaba en ser capaz de apoyar en la adversidad y no en la victoria. La derrota era elegante. El triunfo, excesivo. Pero ahora hemos vencido en nuestro particular “Juego de la Pelota". Si para los mayas se jugaba con la vida ante los dioses, a nosotros nos ha equiparado a los dioses.

El mundo entero ha decidido que meter una bola entre dos palos en el momento justo otorga poderes sobrenaturales y el  "New York Times" titula “Spain in the top of the world”. Hemos entrado en el Grupo de 8 países que han ganado un Mundial de Fútbol, lo cual se parece mucho a entrar en el G8. Al menos psicológicamente, nos hemos sacudido el peso del pesimismo y el estigma de ser “tercer mundo”, de ser como estudiaba yo en el colegio, no hace tanto “ un país en vías de desarrollo”. Hemos recuperado la bandera para todos los ciudadanos, de todas las ideologías y de todas las regiones, demostrando que el pueblo está por encima de sus políticos. Nos hemos atrevido a estar orgullosos de nosotros mismos y de pertenecer a la piel de toro.

Todo eso es tan irreversible como lo fueron las horrores del 11M y nos cambia para siempre. De nosotros dependerá darnos cuenta de que somos eso que éramos ayer y de nosotros depende usar esa energía para ser mañana. Si los Zidanes y Pavones del Real Madrid crearon una realidad de empresas con directivos y becarios, esta selección viene proclamando la ausencia de corrupción y de personalismos, el trabajo en equipo y el arrimar el hombro como receta eterna ante la crisis. Podemos, si queremos.

Ahora sabemos que las cosas buenas ocurren, que los sueños a veces se cumplen, que los deseos pueden hacerse realidad y de nosotros depende no olvidarlo para poder meterle un gol a esa portería invisible del día a día.

Eugenia Rico

Thursday, 15 July 2010

En carne propia: Sables y champán

Publicado en el suplemento "Fuera de Serie" fin de semana del periódico Expansión

No quiero que me culpen por querer ser como Ezra Pound, que pasaba aquí seis meses al año; ni como Wagner, que escogió morir a orillas del Gran Canal. Tendré que conformarme con compartir la suerte de la Confrérie du Sabre d'Or, que esta noche de verano y de tormenta en la laguna nombra caballeros a quienes abran con un sólo golpe de sable una botella de champán francés. Yo lo he conseguido, así que no es tan difícil. No tanto como lograr en Venissa, el viñedo-restaurante de Gianluca Bisol, rey del prosecco, donar y revivir el vino del siglo XIV que bebían los Doges. El mundo piensa que Venecia es un lugar para venir con quien se está enamorado y lo cierto es que aquí todos se enamoran, pero de Venissa.



Sunday, 11 July 2010

El aparejador de Dios

Recupero esta semana un texto inédito para muchos de los lectores del blog. Se trata del cuento "El aparejador de Dios", publicado originalmente en el número 94 de la revista Cercha, del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España.

Al pulsar con el cursor sobre la imagen del texto se amplia a mayor tamaño para facilitar la lectura.


2008, página 104.

Saturday, 10 July 2010

Femenino Singular: Eugenia Rico en Literalia.Tv

Recupero la interesante entrevista de la serie Femenino Singular de Literalia Televisión, la primera WEBTV dedicada en exclusiva al mundo del libro.

Literalia Televisión se caracteriza por elevar los estándares de calidad en sus producciones enfocadas a la promoción de la literatura y la promoción de la lectura, por lo que aprovecho para para felicitarles por sus programas, con una producción mimada hasta el extremo, en todos los procesos, con un resultado final didáctico y entretenido, pero sobre todo útil para facilitar el acceso de la literatura al público. Algo que no tiene nada que ver con lo que se ha visto hasta el momento.

Friday, 9 July 2010

El mundo con dos pelotas


La Selección Española ha acabado con las Dos Españas y ha hecho más por la reconciliación nacional y la unidad de España que todos los discursos, las leyes y los partidos, aunque quizá esto nunca hubiera sido posible sin los discursos, las leyes y los partidos.

El triunfo de la selección nos ha devuelto la bandera, una bandera que vuelve a ser de todos los españoles, como la de los franceses o la de los americanos. Todos tenemos derecho a la bandera porque es de todos. La selección, que llenó las calles de banderas rojigualdas como si el siete de julio fuera nuestro 14 juillet, convirtió la victoria en una fiesta pagana, en un rito dionisiaco con muchachas que enseñan los pechos tatuados con la enseña nacional. Un equipo en el que se abrazan el capitán del Barça y el del Real Madrid, con lo más granado de los catalanes dirigidos por un entrenador madridista, una selección convertida en rompeolas de todas las Españas, donde se encuentran todos los caminos, que ha inundado con la bandera de España las calles y los pueblos de Cataluña, del País Vasco, de Asturias y de Andalucía por igual. Que ha demostrado que España existe y que el fútbol en su mejor vertiente es un fabuloso integrador de la identidad y la autoestima nacional (en su lado oscuro puede ser un cómplice del totalitarismo, pero ahora vivimos en el lado soleado de las cosas).

Cuando un equipo gana un Mundial su economía mejora y como me decía un taxista la crisis ha terminado, demostrando de ese modo que la crisis como la victoria es un estado del alma y el subidón de autoestima que estamos a punto de recibir puede cambiarla. La victoria histórica es el mejor símbolo de esta nueva generación de españoles que no ha conocido la penuria ni el pesimismo. El siete de julio de 2010 con la victoria de una selección española llamada la Roja, con las banderas conquistando las calles, con una nueva generación joven acostumbrada a la victoria y no a la derrota, vencido y desarmado el ejército de los pesimistas, la guerra ha definitivamente terminado.