En un país en el que una Ministra de Educación ha dicho que ella no ve mal que los alumnos usen los móviles en clase. En un país como España en el que los niños leen tanto como los niños suecos pero luego, misteriosamente cuando dejan de ser niños españoles y se convierten en adultos españoles, dejan para siempre de leer. Mientras que los adultos suecos leen tanto como los niños suecos. Es decir leen un montón. Leen que te cagas. Algunos me dirán que lo que ocurre es que los adultos españoles nunca dejan de ser niños, simplemente se cansan de leer. Pero yo creo que se cansan mucho más de la hipoteca y de trabajar mucho y ganar poco. Del mismo modo en este país se ataca siempre la enseñanza pública y sin embargo nuestros hijos pasan cada vez más tiempo con sus maestros y menos con sus padres. Lo que podría no ser tan malo si tuvieran profesores como los míos. Desde aquí quiero decir que yo nunca hubiera sido escritora si no fuera por la señorita Socorro del
Colegio Nazaret, pero es que nunca hubiera sido persona si no hubiese sido por los profesores maravillosos que tuve a lo largo de los años. Los maestros nos influyen más que nadie. La vida de nuestros hijos y nuestra vida está en sus manos, no estaría mal dedicarles algo, mejor dicho mucho, del reconocimiento injusto que se dedica a esa gente que sale en la tele sin haber hecho nada para merecerlo. Los maestros se lo merecen todo, pueden cambiar la vida de una persona y cambiaron la mía para siempre. Todos necesitamos un maestro y de alguna manera todos lo encontramos. El misterio es por qué todavía no les hemos dado la importancia y la esperanza que llevan dentro.
Eugenia Rico
Foto: Eugenia Rico tras el encuentro de estudiantes "Espadas como labios: ¿de verdad los libros sirven para algo?", en la Fundación Caja Castellón.