EL MUNDO ES UN LIBRO QUE AÚN NO HEMOS LEÍDO

MI LIBERTAD NO TIENE PRECIO: TIENE TU NOMBRE

POETA ES AQUEL QUE SE COMPORTA IGUAL ANTE UN REY QUE ANTE UN MENDIGO

TODO ES LITERATURA; DEPENDE DE COMO TE LO CUENTEN

LA MENTE ES COMO UN PARACAIDAS, SÓLO SIRVE SI SE ABRE

Sunday, 26 December 2010

Sin inocencia se puede sobrevivir, pero no vivir


Creo que hoy puede ser un buen día para recuperar el artículo de A. Arco sobre las contradicciones y las miserias humanas, publicado originalmente en la edición impresa de La Verdad de Murcia.


Se quedó de piedra Eugenia Rico, escritora. Se le congeló la sonrisa con la que procura ir por el mundo, y los ojos se le abrieron tanto que casi se podía entrar por ellos para acceder al fondo de su alma, sorprendida e incómoda ante lo que ocurría a escasos metros suyos.

Aeropuerto de Madrid. Martes. Eugenia Rico, que ayer presentó en la Fnac de Murcia "El otoño alemán", la novela que le ha proporcionado el último premio Ateneo de Novela de Sevilla, se disponía a coger un taxi. Hacían lo mismo unas personas disminuidas físicas, con sus equipajes, muletas y dificultades a cuestas. De pronto, aparecen en escena unos ejecutivos con prisa, de pronto los ejecutivos se aprovechan de la lentitud de movimientos de los disminuidos físicos, a los que se pasan por las narices (suyas) delante de sus narices (de ellos), y de pronto -y por todo el morro- los ejecutivos se montan en el taxi que no les correspondía y desaparecen del lugar. «¿Cómo pueden hacerlo?», se pregunta. (¿Ay, Eugenia!).

Celos y torturas


A Eugenia Rico le gusta jugar con las contradicciones y miserias de los seres humanos, a los que por otro lado hace soñar y divierte con sus escritos. Celos y torturas psicológicas aparecen, por ejemplo, en "El otoño alemán", su última novela. «La indiferencia también es una forma de tortura, de crueldad», defiende la autora asturiana, finalista del Premio Primavera de Novela 2004 con "En el país de las vacas sin ojos".

Vive Eugenia Rico observando el mundo. Ayer, camino del hotel después de comer, se topó con un herido en plena acera al que estaba atendiendo un equipo de urgencias. «En unos segundos el herido se vio rodeado de curiosos», dice. «¿Qué final más poco adecuado para una buena comida!», añade. Crueldad e inocencia: «Hemos perdido la inocencia cuando dejamos de ilusionarnos, de creer, de volver a empezar, de volver a ser un poco niños... La inocencia es muy salvadora. Sin inocencia se puede sobrevivir, pero no vivir».

Saturday, 18 December 2010

Aprendiendo a ser libres


Aprovechando la buena acogida que está teniendo la edición alemana de Aunque seamos malditas, aprovecho para reproduccir la entrevista de la periodista Yolanda Barambio Checa, publicada originalmente en El Tintero del periódico El País.


Si algo puede definir a la obra y a la autora es la palabra fuerza, la fuerza del saber hacer y del amor por la literatura que aunque sea una “madrastra” a veces de las peores, siempre recompensa. Para Eugenia Rico esta es su mejor novela, Aunque seamos malditas (Suma de letras). La autora está orgullosa de cómo está construida y en ella ha plasmado todo lo que ha aprendido de la novela, que no es poco. Una forma muy diferente de plantear una historia nos revela un universo lleno de personajes que se sienten malditos pero que siguen viviendo a pesar de todo. No es fácil de definir ni la prosa, ni la construcción de esta obra, como tampoco lo es su autora, tan original como su literatura. De esta entrevista me lleve la sensación de estar hablando con una amiga de lo que más nos gusta, los libros y las historias, fue estupendo hacerla, tanto como lo ha sido leer esta maravillosa novela que nos libera, aunque seamos malditas. Sus palabras son un disfrute para los oídos, como lo es su lectura para los sentidos.

¿Cuántos homenajes se encierran en este libro?

En este libro hago un homenaje a autores que me han devorado el alma, desde Edgar Alan Poe, las hermanas Bronte, Chejov, otros más desconocidos como Jonh Fante o David Foster Wallace, en ese sentido, en esta quinta novela quería resumir un poco todo lo que he ido aprendiendo sobre la novela, y eso es Aunque seamos malditas.

¿Por qué ese título?

Primero, todos nos sentimos malditos alguna vez en nuestra vida, a quién no le han señalado por cualquier defecto nimio, y en la literatura hay una tradición de” malditismo”, pero fíjate que en la palabra misma "maldito" tiene prestigio y sin embargo, como ocurre con los femeninos de muchas otras palabras, "maldita" no tiene ni mucho menos esas connotaciones, para pasar a ser un calificativo negativo. Es muy curioso, aunque afortunadamente está cambiando, que cuando un hombre habla en tercera persona de un hombre es una historia universal, pero cuando una mujer habla de otra mujer, siempre la acusan de que está hablando de sí misma, yo creo que las mujeres tiene derecho a contar historias universales aunque estén basadas en mujeres. A mí en esta novela nadie me lo ha dicho porque es una novela muy coral y salen tanto personajes femeninos como masculinos, y tienen la misma importancia y peso dentro de la trama, hay malditos y malditas.

¿Cómo has dado con esa forma de escribir tan original, donde se mezclan un montón de estilos literarios que acaban formando un todo que cualquier lector puede entender?

Porque llevo toda la vida escribiendo. La literatura es una madrastra para que te de algo tienes que darle primero todo, yo lo único que sé hacer es escribir. Me acuerdo cuando empecé en esto, un escritor muy famoso me dijo: “vales para esto pero cuidado es que sólo vales para esto, y es muy jodido”.

Yo creo además que hay que buscar nuevos caminos para la novela, leemos mucho la gran novela del XIX pero no tiene sentido seguir haciendo novelas que sean copias malas de esa época, de grandes novelas; hay que buscar nuevos caminos y salir de las carreteras asfaltadas; escribir novelas decimonónicas sería ahora como hacer coches sin aire acondicionado; la novela no se crea ni se destruye, sólo se transforma y creo que sobrevivirá pero será una novela transformada.

¿Qué les dirías a los lectores para que se acerquen a tu novela?

Que Aunque seamos malditas, es una historia no solamente sobre el acoso en el trabajo y sobre las brujas y sobre la caza de brujas, y sobre el amor y el deseo y sobre la entidad y el doble;... yo nunca sé cómo tengo que decirle a la gente para que lea nada, sólo sé que es mi mejor novela y no tengo ninguna duda sobre ella. Creo que es una historia sobre gente que le han dicho cómo ser feliz y le han engañado y que está conquistando la vida a su manera; es un thriller metafísico que creo nos intenta hacer disfrutar y también nos enseña algo, un poco a reflexionar, no es una novela histórica aunque tenga una documentación exhaustiva, no es una trama de misterio o policiaca, es un poco una vuelta de tuerca a todo esto, y es también una novela con una novela dentro.

Dices que la literatura es una madrastra pero ¿algo recibirás de ella?

Para mí es como respirar, es como dejar la droga, la literatura, hay gente que la aleja porque le han obligado a leer en el instituto ese libro que sale en el mío, El lazarillo de Tormes, que yo tanto admiro: Y la literatura es la única máquina del tiempo que funciona, que nos permite viajar en el tiempo, pero también en nuestra vida, la literatura es la única manera de arrancarle la piel a la realidad y nos permite ver lo que hay debajo, leer es como viajar y como el amor, es gozar y sufrir mucho en muy poco espacio de tiempo.

¿Qué esperas de 'Aunque seamos malditas'?

Que alguien aprenda algo, que alguien gane algo, que disfrute con ella, que haga a alguien más libre.

Sunday, 12 December 2010

Encuentro literario

Encuentro literario con cien estudiantes de bachillerato el día 3 de diciembre de 2010 en el  Colegio Virgen del Carmen de Onda (Castellón)

Thursday, 9 December 2010

Friday, 3 December 2010

Auch wenn wir Verdammte sind (Aunque seamos malditas)


Hoffmann und Campe publica la traducción al alemán de "Aunque seamos malditas", cuyo lanzamiento se realizará en Hamburgo el próximo 16 de septiembre.

"Una buena editorial crece como un árbol", fue la breve declaración que hizo la editorial Hoffmann y Campe en el bicentenario de su fundación, celebrado en 1981. Las primeras épocas de esta casa estuvieron marcadas por escritores como Heinrich Heine, Friedrich Hebbel, Ludwig Börne y otros intelectuales pertenecientes al círculo de la "Joven Alemania", escritores jóvenes y rebeldes.

Actualmente, en la diagramación del programa de Hoffmann y Campe continúa teniendo vigencia lo que solían ser los principios rectores del legendario editor Julius Campe. Como exitosa editorial alemana de importantes dimensiones, promueve tanto obras literarias de escritores consagrados como producciones de autores jóvenes. Ha publicado a partir de 1951, entre otros, obras del gran narrador Siegfried Lenz, así como de los españoles Carlos Ruiz Zafon y Javier Marías.

Su catálogo de ficción está integrado por escritores de la talla de Doris Lessing, V. S. Naipaul, Patricia Cornwell, Liza Marklund, Matthias Politycki, Fay Weldon, Manfred Bieler, Irina Korschunow, Ulrich Woelk, Andreï Makine y Edna O´Brien. En el segmento de no ficción cuenta con trabajos de reconocidos escritores como Hoimar von Ditfurth, Lew Kopelew, Ulrich Wickert, Dieter E. Zimmer, Stephen Hawking, Cornelia Schmalz-Jacobsen y Gero von Randow. Desde 1996 ofrece además una gran producción de audiolibros.

Thursday, 25 November 2010

Venecia, la mirada del agua


Recupero el texto del blog Agitación desde la Periferia con motivo de mi participación con la conferencia "Venecia, la mirada del agua" en el ciclo de charlas-coloquio "Punto de destino" organizado por Bancaja-Fundación Caja Castellón, que tendrá lugar el próximo miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30 horas, en el Salón de Actos del Edificio Hucha (calle Enmedio, 82). 

Para mí, la ciudad de Venecia es mítica, una ciudad tejida de puentes, hilvanada por pequeñas puntadas de piedra. Una ciudad que es como un decorado de teatro, tan hermosa como irreal donde también las pasiones y las mentiras flotan, del mismo modo que los muelles y los palacios.

Venecia no es de cartón-piedra pero a veces lo parece. Las campanas se echan a volar canal abajo y las miradas se escapan campanile arriba. Suele decirse que ésta es una ciudad para venir con la persona de la que estás enamorado y no es cierto, porque cualquiera que venga a Venecia se enamorará para siempre pero no de quién está a su lado, sino de la ciudad. Y la ciudad es una amante celosa. Te atrapará con su belleza y sobre todo con el reflejo de su belleza que se escapa entre las manos como el agua y la vida.

Os espero en Castellón para poder compartirlo con vosotros.

Saturday, 20 November 2010

Margaret Atwood, la mujer comestible


Algunas ranas macho viven para el amor. Cantan en la noche para conseguir el favor de las hembras. Las hembras prefieren a los machos que tienen las voces más potentes, que son siempre los más fuertes, los más poderosos. Y algunas ranas macho han descubierto que pueden colarse en las alcantarillas, en las acequias, en los conductos vacíos que los hombres ya no utilizan.

Son las venas cegadas de las ciudades, donde las ranas pequeñas pero astutas se esconden y consiguen que el eco amplié sus cantos. De esta manera sus cantos suenan poderosos y ellas consiguen ranas mucho más atractivas de lo que jamás podrían soñar. Estas ranas macho consiguen gracias a los trucos de la acústica, lo mismo que los artistas con el arte.

Conseguir el amor y la aprobación de hembras que no les hubieran dedicado ni una mirada. Esto es así al menos para los artistas machos, nadie quiere conseguir el favor de ranas hembra más poderosas sino más indefensas. Con esta parábola Margaret Atwood, la mujer de las parábolas y de los símbolos, una escritora que se califica a sí misma de feminista, define el papel de la mujer-artista: alguien que lucha contra la naturaleza.

Lo cuenta en Orix & Crake uno de los tres libros dedicados por ella que hay en mi biblioteca. Margaret Atwood es una autora muy importante en mi vida, sin duda lo ha sido también para otras mujeres escritoras. Desde que la conocí en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, cuando ella era aún desconocida por los lectores españoles y yo una autora inédita, ha sido una especie de faro de mi literatura. Margaret Atwood me miró con su vista rayos X, acogió con generosidad mis escritos primeros y no se rió de la jovenzuela escritora en ciernes.

Me preguntó si leía en inglés y si tenía valor: lo primero le condujo a abrir su maleta y regalarme varios ejemplares de sus obras más queridas: Alias Grace era en aquel momento (todavía no había escrito El asesino ciego) su favorita, la segunda pregunta fue el inicio de sus consejos a una joven escritora: para escribir hay que tener muchas cualidades, lo mismo si eres hombre que si eres mujer, pero el valor es la principal para las féminas.

Margaret creyó adivinar que yo lo tenía y yo admiro el valor de los Premios Príncipe de Asturias en premiar a una de las mayores escritoras vivas y una de las más valientes. Quizá ningún otro premio español se hubiera atrevido a premiar a una escritora que no duda en calificarse feminista y algunas de cuyas obras son, como ella dice, «ficción especulativa» y, como dirían con cierto menosprecio en España, ciencia ficción. Margaret Atwood es la escritora comestible porque todo en ella alimenta: la palabra, la metáfora, la visión. Dueña de un estilo y un virtuosismo formal que despliega lo mismo en El asesino ciego una de las mejores novelas de este siglo, que en sus otras obras. Y de un discurso radical que el tiempo no ha suavizado sino más bien al contrario.

Yo soy escritora porque conocí a Margaret después de haber leído en Inglaterra la maravillosa El cuento de la doncella, ella me enseñó que escribir es domar el impetuoso caballo del idioma pero sobre todo no perder nunca de vista la importancia de la trasgresión. El escritor está en la sociedad para ser un huésped incomodo, un profeta denostado que evite males mayores. El escritor debe luchar: con la palabra y con las ideas. Margaret Atwood es el nuevo Orwell. En su poesía disfrutamos la parte más desconocida y deliciosa de su fértil pensamiento.


Este texto fue publicado originalmente en la web de los Premios Príncipe de Asturias con motivo de la entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008 a la escritora Margaret Atwood.

Friday, 12 November 2010

Escritoras contra la violencia de género



Aprovecho hoy para reproducir la entrevista de los estudios RFI franceses realizada con motivo de la presentación en el Instituto Cervantes de París del libro 5 x 2 = 9. Diez miradas contra la violencia de género, editado en España por Península. En esa obra participaron cinco escritoras españolas comprometidas contra la violencia de género: Ángeles Caso, Espido Freire, Rosa Regàs, Eugenia Rico y Lourdes Ventura, quienes recogieron el testimonio de cinco mujeres de distintas edades y clases sociales que en algún momento de sus vidas sufrieron malos tratos por parte de sus parejas. Si el título de "Cinco más cinco igual a nueve" parece extraño, tiene una simple pero trágica explicación: desgraciadamente, la quinta parte de esas mujeres fue asesinada años atrás por su pareja, y es el testimonio de sus hijos que dan vida al último relato.

Enrique Echeburúa, Catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco afirmó de este trabajo que "Al aprecio literario que tengo a las autoras se une el interés de un tema que genera una honda preocupación social y que está enfocado de una forma novedosa. La integración de los testimonios sobrecogedores de las víctimas con los comentarios agudos y escritos con elegancia literaria de las escritoras da por resultado un libro de biografías veraz, que denuncia el drama de la violencia contra la mujer con un lenguaje exento de tecnicismos y que puede ser del agrado de muchos potenciales lectores".

Para hablar de este libro y de las circunstancias de su redacción acudí a los estudios de RFI, acompañada de Espido Freire, Silvia Pérez, responsable de esta edición junto con Fernando Marías. Allí estaba también Raquel Caleya, la indispensable Directora de Gestión Cultural del Instituto Cervantes de París. 

Podéis escucharla pulsando aquí.

Tuesday, 2 November 2010

La voz que clama en el desierto


Hoy me gustaría recuperar este texto que fue publicado originalmente en la web de los Premios Príncipe de Asturias. Se titula "La voz que clama en el desierto" dedicado a Amos Oz con motivo de la entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007.


Hubo un hombre que se retiró al desierto no por cuarenta días y cuarenta noches sino durante dieciocho años. Era un hombre que sabía que para ser un genio primero hay que aceptar que uno no es un Dios. El fue al desierto, en medio de los que no eran como él. Se convirtió en el viento que sopla desde el kibbutz, un viento hecho de palabras. Palabras que no le acarrearon la simpatía de sus vecinos de Arad, la ciudad de veintiocho mil habitantes entre el Mar Muerto y Be'r Sheva, de donde viene el principio de sus obras y de su fama. Allí viven los rusos ultraconservadores que se enfrentaron a Oz cuando él desveló por primera vez que estaba a favor de un estado palestino en convivencia con la nación israelí.

Este intelectual de ojos claros con coquetas arrugas no sólo es el más famoso de los novelistas israelíes, el hombre que ya en 1967 en los terribles tiempos de la Guerra de los Seis Días habló a favor de la paz y la concordia. Es también un escritor sutil que busca lo que hay detrás de las historias de amor que se repiten todas las noches y todas las noches son únicas. Dicen de él que no habla en frases como los demás mortales, incluso como casi todos los escritores, sino en párrafos. Del desierto del que surgió a la fama parece haberle quedado un bronceado perpetuo y metafórico. Es un hijo del sol que reclama para sí el poder de sus rayos. Y sin embargo, a pesar de ese halo de hombre-icono, de novelista político, este escritor famoso en el mundo entero y muy poco conocido en España escribe sobre todo sobre las personas y sus sentimientos. Leí a Oz por primera vez en Italia. Era el escritor fetiche de mis amigos romanos. Yo conocía su nombre, pero no su obra, lo leí por primera vez en italiano. Me fasciné y seguí leyéndolo.

Lo mejor de este Príncipe de Asturias es que espero que nos traiga una cosecha de traducciones de Amos Oz, para que no sea sólo el hombre icono sino un autor de referencia. Lo primero que me sorprendió al leer a Oz es que no encontré al militante político y pacifista sino a un escritor que en nuestro país hubiera podido ser calificado de intimista, sino fuera por que este calificativo en España es en general despreciativo y se reserva a las mujeres, y en Amos Oz hay algo profundamente masculino en lo que lo masculino tiene de topografía de lo atado a la tierra, de lo duro que puede ser blando pero no reblandecerse. Pero hay también algo blando, algo femenino, si seguimos aceptando el tópico de la dicotomía, en esta literatura que trae consigo la dulzura de los olivos y el Mediterráneo tanto o más que el estruendo de las armas. Amos Oz camina como si caminará sobre cristal. Ha cambiado de riñones como quien cambia de camisa pero no ha cambiado de ideas, si acaso se ha hecho más sutil. Sus ojos claros tienen ahora algo más de niebla y sus libros, quizá, algo más de duda. Pero sigue siendo el niño del kibbutz, el hombre hermoso que habla al mundo.

Saturday, 23 October 2010

La consagración de Pompeya


Que todo cambie para que todo siga igual, a veces cambiar es volver al Principio. Todos los caminos llevan de Asturias a Pompeya, allí se paró una vez el tiempo y este verano se varó allí el Arte. Quinientos mil pétalos de rosa de Paestum caen sobre los cuerpos semidesnudos de unas pocas mujeres y hombres perfectos. En el Gran Teatro de Pompeya huele a jazmines y a rito dionisiaco. El coreógrafo brasileño Ismael Ivo recrea el Paraíso y el Infierno a golpes de "La consagración de la primavera" de Stravinsky releída a partir de Virgilio y de los misterios de Ceres. "Les danseurs napolitains" parecen semidioses y sólo son muchachos de Campania reclutados por Ivo que los encerró durante meses para trabajar en solitario esta danza sublime.

El Festival de Teatro de Campania se ha convertido en poco tiempo en uno de los más importantes de Italia y del mundo. La danza nos pregunta si llegará una nueva Primavera, mientras la Historia de la Humanidad, el canto de los grillos y el malabarismo de los cuerpos forman una inmensa pregunta en escena. Raffaella Tramontano ha impulsado la fama de este Festival que se celebra tan sólo en lugares míticos como Pompeya o como Paestum. Toda la magia de la Magna Grecia se concentra en este Festival que ha acogido a Gore Vidal y a "Carmina Burana" y que en septiembre acoge "La Nouvelle Ecole des Maîtres".

Desde la Antigüedad clásica a la vanguardia más rabiosa, el pasado es lo más cercano al presente y la danza es el arte del eterno retorno. A veces cambiar es volver a ser como eramos.

Sunday, 17 October 2010

En el mercado alemán de mano de los grandes

Hoy reproduzco el artículo de Rodrigo Zuleta que escribió para la Agencia EFE desde Fráncfort publicado en el periódico ABC, el día 9 de octubre coincidiendo con la publicación en Alemania de "Aunque seamos malditas" y su presentación en la Feria del Libro de Fráncort.

La escritora asturiana Eugenia Rico irrumpió hoy en el mercado alemán de la mano de los grandes del libro, y su editorial, Hoffmann und Campe, apuesta por ella, convencida de que puede lograr un éxito como el de Carlos Ruíz-Zafón.

"Estoy tan contento como cuando compré a Ruíz-Zafón", reconoció el gerente de esta editorial germana, que estaba en Suhrkamp cuando el autor español entró en Alemania con su exitosa obra "La sombra del viento".

Añadió que la historia de Eugenia Rico es una de ésas que se dan a conocer en la Feria de Fráncfort y que muchas veces parecen "increíbles".

En el estand de Hoffmann und Campe en Fráncfort, los ejemplares de la edición alemana de "Aunque seamos malditas" están enmarcados por libros de José Saramago y de Siegfried Lenz, uno de los grandes de la literatura alemana.

A la izquierda, además, hay una foto de Lenz, a la derecha una de Saramago y en el centro una de Eugenia Rico.

"Yo no me lo puedo creer, a veces me siento que me voy a despertar y Hoffmann un Campe ya no va a estar ahí", dijo Rico en el estand de su editorial alemana.

El despegue definitivo de Ruíz-Zafón en Alemania se produjo cuando, la víspera de una edición de la Feria de los últimos años, el entonces ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joschka Fisher, se desbordó en elogios sobre el libro en un programa literario.

Si Fischer fue de alguna manera el padrino de Ruíz-Zafón en Alemania, en el caso de Rico su padrino es algo más literario, y se llama Daniel Kehlmann.

Este autor austríaco saltó a la fama al protagonizar un auténtico acontecimiento editorial hace unos años en Alemania con su novela "La medición del mundo", que se mantuvo durante meses en el primer lugar de los libros más vendidos.

"Es una de las voces más importantes de la literatura española contemporánea, un libro importante", escribió Kehlmann, que leyó la edición española por casualidad.

El encuentro fortuito con "Aunque seamos malditas" de Kehlmann se dio en Marbella, donde tiene una casa, cuando su mujer le recomendó el libro que acaba de leer.

Kehlmann leyó el libro y quedó tan impresionado que contactó a Rico y le dijo que iba a hacer lo posible porque este entrara en el mercado alemán.

"La historia parece un cuento de hadas", dijo Rico.

Ahora, Hoffmann und Campe está apostando fuertemente por Rico, que tiene previsto realizar una gira por varias ciudades alemanas y ha sido entrevistada hoy por varios medios locales, entre ellos por el informativo de la Segunda Cadena de la Televisión Alemana (ZDF).

El mercado literario alemán también está apostando en esta edición de la Feria del Libro de Fráncort por el autor Idelfonso Falcones, que presentó aquí su nuevo libro.

La edición alemana de "La catedral del mar" fue un gran éxito y aguantó varias semanas a la cabeza de las listas de libros más vendidos del país.

Falcones y Rico están entre los protagonistas de una parte de la Feria que ocurre lejos de los estands españoles y los hispanoamericanos, también lejos del pabellón de honor argentino, y que está destinado fundamentalmente a atraer al público alemán.

Wednesday, 6 October 2010

Cabeza de gardenia


Abandonamos el cementerio cuando me tienden la foto. Ya lo dijo Bécquer: "Dios mío, qué solos se quedan los muertos". Aunque en este caso no es así. Jane no está sola hoy. Toda Málaga se ha reunido para inaugurar su nueva tumba y para rendirle homenaje. En el cementerio de los naranjos estaban Jorge Herralde y Lali Guvern, la traductora de la novela de Jane que cambió mi vida, "Dos damas muy serias", y Vicente Molina Foix a punto de estrenar película con Marisa Paredes, que ha leído los textos de Jane Bowles, y Juan Cruz contándonos anécdotas de "El cielo protector". Paul Bowles dejó sola a Jane en Málaga pero el escritor y gestor cultural Alfredo Taján, Director del Instituto Municipal del Libro, la ha recuperado para la ciudad con un magnifico congreso. Toda la tragedia de Jane está en la foto que me tiende Pepe Carleton, el único superviviente que mira a la cámara con sus ojos azules. El es el único de la foto que está con nosotros, los demás están más allá. Truman Capote, que llamó a su amiga "Cabeza de gardenia", adopta su mismo gesto con la pierna para que no se note que ella es coja desde niña, Capote será el gran defensor de Jane, pero morirá, como ella demasiado pronto. Y Jane está tratando de atraer la atención de Paul como hará toda su vida y durante su larga agonía en Málaga.

Y nosotros, como Emilio Vaz de Soto, les contemplamos en silencio durante toda la eternidad que ya han perdido.

Thursday, 30 September 2010

La muerte blanca


Aprovecho para colgar hoy una crítica de Mar Langa Pizarro sobre La Muerte Blanca, publicada en Cincuenta y ocho artículos sobre narrativa contemporánea. Espero que os resulte interesante.


La muerte blanca es fría y dulce. Les llega a los cosacos que, ebrios de vodka, se tienden sobre la nieve hasta que los vence el sueño, y se les congela el miedo. Y les llega a los adolescentes que, como el hermano de la narradora de esta novela, fallecen dejando en blanco todas las páginas de su vida. Desde ese título simbólico, la existencia humana y la literatura se funden en la obra ganadora de la "XVI edición del Premio Azorín": «porque una novela no puede detenerse en el primer capítulo [...]. Ni un hombre morir antes de ser hombre» (p. 68); y porque «todo lo que hacemos lo hacemos para no morir. Por eso escalamos montañas, por eso escribimos libros, por eso tenemos hijos» (p. 150).

A la prosa de Eugenia Rico (Oviedo, 1972) se le nota su vinculación con la poesía, género en el que esta autora hizo sus pinitos literarios. Como ella misma ha afirmado, en La muerte blanca hay «una historia de búsqueda y resurrección que demuestra que el amor es indestructible», «un canto al paraíso perdido de la infancia, la bajada a los infiernos para buscar al ser amado y el regreso», y una «evocación de la felicidad vivida». Pero que nadie espere un relato de arquitectura narrativa, porque esta novela es, ante todo, una sucesión de retazos del pasado, entreverados con pensamientos vitales. Una búsqueda alucinada, en la que la narradora repite el juego de dudar de los límites entre la vida y la muerte: «puede que yo también [...] confunda las cosas. Quizá estoy muriendo en mi cama y pienso que estoy contando una historia en la que mi hermano ha muerto [...]. Él está a mi lado [...] Está vivo. Soy yo quien muero» (p. 116).

Se trata de un recurso que utilizaron, entre otros, Juan Rulfo (en Pedro Páramo) y Julio Llamazares (en La lluvia amarilla). A éste último, Eugenia Rico le confiesa un agradecimiento explícito en la última página de La muerte blanca; y uno implícito, cuando su personaje afirma que, años después de su muerte, descubrió que las camisetas de su hermano «olían a amarillo» (p. 190). No resulta extraño, porque el autor leonés, con el que Rico coincide en muchos de sus rasgos narrativos, no dudó en manifestar que la primera novela de esta autora, Los amantes tristes (2000), era «la mejor prueba de que sí hay buenos escritores en España».

Los amantes tristes, que Bousoño calificó de «libro excelentísimo», indagaba en el amor, la soledad, la esperanza y la amargura, a través de sus tres protagonistas, símbolos de la ruptura entre lo real y lo soñado, cuyos únicos puentes se llaman locura y literatura. La muerte blanca vuelve, en cierto modo, a los mismos temas: el amor, la búsqueda del yo, y el constante caminar hacia el futuro con la vista fija en el pasado. Convencida de que «mi hermano quería dejar huella. Yo soy su huella» (p. 46), la narradora se sumerge en el dolor para recuperar la felicidad que reside en el recuerdo. En ese viaje, falta el soporte de una historia excepcional, de una trama que guíe al lector por sus páginas. Pero, a cambio, existe todo un universo de sugerencias que, no por repetidas, dejan de tener el encanto de lo que aparta de los usos literarios más comunes. Y es que, después de todo, en un mundo «lleno de supervivientes que no saben a qué han sobrevivido» (p. 176), «las palabras son la única medicina que tenemos para la enfermedad llamada Muerte» (p. 116).

Wednesday, 22 September 2010

La fama


A los treinta y un años recibió en plena cara el golpe de la fama, la fama abrumadora. Su libro "La medición del mundo" se convirtió en el más vendido en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, mientras la crítica se apresuraba a encumbrarle. Recibió todos los premios posibles y los honores imposibles para un escritor en su país y fue traducido prácticamente a todas las lenguas escritas del mundo. Pero sobrevivió. Lo normal es que hubiera sido incapaz de escribir (exactamente lo que le ocurrió a Salinger), o que se hubiera quedado idiota de por vida (todos conocemos a alguien destruido por el éxito). Muy al contrario, después de su gran best-seller Daniel Kehlmann ha escrito una obra maestra en la que practica la autoironía y se ríe de la fama. Una obra brillante con aires unamunianos de escritura elegante y precisa. Un libro que se paladea, con un dominio de la técnica que apabulla.

La obra maestra de un maestro.

Thursday, 16 September 2010

Viento del este: Ismaïl Kadaré


Resucitar a los muertos, como hace Kadaré, es la verdadera función de la literatura.

Hace más de veinte años en Gijón Daniel Moyano me regaló un libro de Ismaíl Kadaré. Ya entonces se hablaba de este albano elogiado por John Updike en el New Yorker por la poesía y el aliento certero de su estilo.

Kadaré escribía sobre un pasado que vuelve al presente y lo secuestra, lo conquista o lo libera según el humor de sus distintas obras.

En aquel momento Kadaré acababa de publicar ‘El palacio de los sueños’, novela transitada de fino humor que no hizo reir a la dictadura albana. Inmediatamente fue prohibida por las autoridades militares, pero este revés político no impidió que el año siguiente el presidente de la Liga Albana de Escritores lo acusara de eludir deliberadamente las opiniones políticas para hacer una literatura fácil basada en el folclore y las tradiciones.

Todo ello acabó siendo un regalo para los lectores de Occidente: Kadaré emigró a Francia y engrosó las poco nutridas filas de los escritores que han logrado escribir y triunfar en un idioma que no era el suyo. Esa pequeña milicia cuyo comandante es Conrad y una de sus figuras cumbres mi admirada Karen Blixen. En Francia escribió ‘La pirámide’ y ‘El concierto’ y volvió a hablar de los muertos del pasado para resucitar a los muertos del presente.

Porque al fin y al cabo resucitar a los muertos es la verdadera función de la literatura, la única ciencia que convierte en futuro las fosas comunes.

Publicado originalmente en la web de los Premios Principe de Asturias.

Sunday, 5 September 2010

Seguir luchando, seguir escribiendo


Reproduzco un extracto de la entrevista de Luis García para literaturas.com.

«No hago una literatura complaciente, soy muy exigente conmigo misma y trato de ser todo lo honesta y comprometida que puedo. No hago concesiones, sobre todo no me hago concesiones y espero que de la exigencia nazca algo genuino»

Luis García.- Eugenia Rico, ¿es cierto que cuentas tus novelas por Premios literarios?

Eugenia Rico.- He ganado Premios importantes pero mi primera novela "Los amantes tristes" que ahora ha reeditado Circulo de Lectores (y es la sexta reedición) no sólo no tuvo ningún premio sino que no tuvo ninguna promoción, sólo tuvo el boca a boca o el boca oreja que es el mejor de los Premios. Sin embargo hay que presentarse a premios porque en este momento de mercadotecnia brutal son la única manera de dedicarse a la literatura con honestidad. El mejor premio es hacer amigos lectores.

Y nueva novela, y nuevo éxito de critica... ¿Qué te queda por conseguir en lo personal literariamente?

Todos queremos escribir el Gran Libro, ese que quede para siempre, que ayude a alguien a encontrar algo que buscaba, ese que cambia la vida de alguien, que te cambie la vida.

¿Qué queda de aquella inocente autora que ganara el Azorín en el año 2002 con La muerte blanca?

Soy la misma, llevo más de veinte años escribiendo porque a la literatura tienes que darle todo para que ella te de algo. Soy la misma y exploró nuevos caminos.

Lo cierto es que Eugenia Rico no “hace” literatura fácil, es decir, sin duda eres una de las voces literarias más genuinas y personales del actual panorama. ¿Eres consciente de ello?

No hago una literatura complaciente, soy muy exigente conmigo misma y trato de ser todo lo honesta y comprometida que puedo. No hago concesiones, sobre todo no me hago concesiones y espero que de la exigencia nazca algo genuino. Que las palabras huelan a verdad, que se puedan tocar, que se puedan oler. Buscar en las palabras y dentro de las almas. Buscar con la esperanza de encontrar y seguir buscando cuando no se encuentras.

¿Siente Eugenia Rico que conecta con los lectores?

Lo mejor de escribir, lo que te compensa de tantos sinsabores, son las cartas de los lectores a mi página web, una página que no aparece en mis libros y por lo tanto la han tenido que buscar. Cartas que me dicen que les he cambiado la vida, que les he ayudado a superar un momento difícil, algunos dicen que les he hecho llorar, otros que les he hecho felices. Por eso y por las cosas que te dicen en los encuentros con los lectores merece la pena seguir luchando, seguir escribiendo.

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Saturday, 28 August 2010

Gore y yo

Gore Vidal y Eugenia Rico en Ravello

Ahora ya sé quién mato a Kennedy, sé cómo amaba Tennesse Williams, no desconozco las penurias de Juliano el Apostata.

Después de pasar una semana en Pompeya, con Gore Vidal, con Muzius su filosófico asistente y Fabián el ex–marín que guarda sus sueños, la vida me parece un lugar distinto. Gore Vidal cambia de voz y de modales, se interpreta a sí mismo e interpreta a Shakespeare, me da buenos y buenísimos consejos para seguir escribiendo y todo esto sucede a la sombra del reloj de la iglesia de Ravello, donde durante tanto tiempo Eugene Gore Vidal habito la Villa Rondinaia como ahora habita el Hotel Carusso y el Hotel Rufolo. Hasta aquí llego André Gide a lomos de un burrito y aquí he llegado con Gore desde el Gran Teatro de Pompeya. Gore sube y baja la voz, aprieta mi mano y me cuenta sus recuerdos sobre su hermanastra Jacqueline Kennedy, de John Kennedy, de Fellini, de Lilibeth la reina de Inglaterra y de su hermana Margarita que tanto hizo por la Firma. Pero sobre todo hablamos durante horas de literatura, de cómo la antigüedad clásica cambió el mundo, del arte de soñar novelas y escribir sueños y de la cualidad amarga de los despertares.

Después de nuestra quincena en Ravello, donde Bocaccio situa un cuento del Decameron, Gore Vidal partió hacia Praga para ver a su amiga la Condesa. Gore Vidal dice que los que quieren vivir eternamente merecerían ser convertidos en pirámides. Los únicos monumentos a los muertos que los dos aprobamos se escriben con palabras. Nunca podré agradecer bastante a Gore todo lo que me enseño y cómo me lo enseño.

¡Buen viaje Gore Vidal, a tí y al querido Muzius! Hasta muy pronto.

Thursday, 12 August 2010

Macondo o el vallenato más largo del mundo. 1


VAMOS A...LA COLOMBIA DE GARCÍA MÁRQUEZ

De Aracataca a Cartagena de Indias, por el Caribe colombiano tras los pasos del autor de Cien años de soledad.

Publicada originalmente en el Viajero de El País, el 29 de agosto de 2009.

Macondo o el balleanto más largo del mundo. Muchos años después, con los ojos cerrados, ante el caserón a punto de aplastarle con su sombra, el viajero recuerda el momento en que el abuelo de García Márquez llevó a su nieto a conocer la fábrica de hielo. El mismo edificio de madera de época republicana al otro lado del río donde las mariposas no son amarillas, sino negras, y las piedras son redondas, de antes del diluvio, de antes incluso de que el coronel Nicolás Márquez llegara a Aracataca. Entonces nadie llamaba aún Macondo a este pueblo, ni siquiera Gabito, que aún no había nacido ni aprendido a contar mentiras mejor que nadie. El pueblo vivía la belle époque de la compañía bananera estadounidense y todos los prodigios parecían posibles: incluso el frío. Al niño García Márquez le sorprendió más la dureza de aquella blancura tan fría que quemaba que la ausencia de su padre que quemaba también.

Aracataca

Frente a la Casa del Telegrafista, donde se guardaron todos los enseres de los Iguarán aguardando el museo que acaba de abrirse, una anciana de dientes arrancados al hielo y a los cien años de soledad que vive el departamento de Magdalena -al norte de Colombia, al que pertenece Aracataca y de donde hace mucho que se fueron los americanos, sus grandes coches, sus muertos y su prosperidad, y se quedaron sólo las palabras del gran palabrero- recuerda cómo tuvo al niño Gabriel José en sus rodillas y que, al contrario de todos los niños del mundo, no quería oír siempre la misma historia, sino una diferente cada vez.

Aracataca es una palabra indígena que significa río de piedras; los de aquí llaman al pueblo Cataca y rechazaron en 2006 en un referéndum llamarlo Macondo a pesar de que por todas partes la palabra se levante en cercas, en casas sociales, en escuelas. El hospital lleva el nombre de la madre del premio Nobel: Hospital Luisa Santiaga Márquez Iguarán. El recién inaugurado museo (Casa Natal de Gabriel García Márquez), en el mismo lugar donde estaba la residencia de los abuelos maternos del escritor, es un edificio de nueva planta que imita los zaguanes antiguos donde las tías se mecían sin descanso en el corredor de las begonias. Sólo quedan los espíritus, un árbol milenario y el chiscón donde vivían los indios esclavos que contaban a los niños las historias de la Sierra Nevada. Aquí nacieron, en un rincón de una alcoba sin ventanas, Gabriel García Márquez (el 6 de marzo de 1927) y el realismo mágico. Aunque Alejo Carpentier fuera el partero, el predecesor, los muertos que comen con los vivos, los aparecidos de la abuela Tranquilina Iguarán y los relatos de las guerras del coronel Nicolás Márquez -que sí tuvo quien le escribiera- darían lugar al mayor mito literario en castellano del siglo XX. Era un niño en un caserón de mujeres cercado por los fantasmas de la abuela y los cuentos de guerra del abuelo.

Ryszard Kapuscinski creía que Cien años de soledad (publicada en 1967) era el mejor reportaje de la historia y los colombianos dicen que es el vallenato más largo del mundo. Lo cierto es, sin embargo, que casi toda la obra de García Márquez es fruto de sus ocho primeros años, cuando vivía con sus abuelos maternos en la gran casa poblada de espíritus y de consejas de Aracataca. Las palabras son conjuros para librarse de los demonios que llevaban acechando a la cándida Eréndira durante más de quinientos años de soledad (La increíble y triste historia de Cándida Eréndira y de su abuela desalmada, 1972). Por eso, muchas páginas después, ante el caserón insolente que se sostiene a duras penas al otro lado del monumento a Remedios la Bella (de la cuarta generación de Cien años de soledad), el lector convertido en viajero siente el calor agobiante de la fábrica de hielo abandonada y recuerda a Melquíades y a su hielo mágico.

Barranquilla

El viajero también recuerda el cajón de hielo del bar La Cueva, en Barranquilla, donde se reunían sus amigos escritores ricos en torno a la historia de un náufrago sin sospechar que el joven muchacho que escribía en El Heraldo, al que las putas de la pensión El Rascacielos lavaban la ropa, convertiría a aquel hombre en el náufrago más famoso del mundo (Relato de un náufrago se publicó por entregas en 1955).

En Barranquilla, unos niños felices se asoman a las verjas de hierro de la casa donde el niño García Márquez vivió con sus padres tras la muerte de su abuelo en 1936. Al abandono del padre, que acabó trayendo a casa varios medio hermanos, siguió una epopeya que la madre y Gabito, convertido en prematuro padre de familia, trataron de sortear con talento. Hoy, en el mercadillo vecino al Rascacielos, vendedores ambulantes pregonan ediciones pirata de Cien años de soledad. Por la escalera más desigual del mundo se atraviesa el infierno de los cuartos misérrimos donde mujeres de ojos oscuros intentan vencer a la soledad y a la pobreza malvendiendo su piel. Desde su terraza, García Márquez hacía señas a sus amigos de El Heraldo, que todavía no eran el grupo de Barranquilla; desde aquí el infierno se convierte en un cielo por el que se divisa la iglesia en la que García Márquez se casó con Mercedes Barcha, una de las dos mujeres de su vida. La otra es Carmen Ballcells, su agente literaria. La herrumbre de un espejo refleja a los desgraciados cubiertos de polvo que arrastran una bicicleta en llamas por las calles. El sol es de fuego, y el hielo, un sueño lejano, tan sólo una palabra como las de los libros.

El viajero abandona Barranquilla no antes de visitar el recién inaugurado Parque Cultural del Caribe, un museo sorprendente que próximamente tendrá una sala dedicada a García Márquez.

Tren Amarillo

"Yo nací y crecí en el Caribe. Lo conozco país por país, isla por isla, y tal vez de allí provenga mi frustración de que nunca se me ha ocurrido nada ni he podido hacer nada que sea más asombroso que la realidad". Las palabras de García Márquez se me aparecen cuando la guagua se para en los billares de Sevilla en la zona bananera que recorrió García Márquez en el Tren Amarillo. Niños pelirrojos venden tucanes, monos, serpientes y camaleones a los transeúntes, y el olor de la guayaba se mezcla en el aire con el tabaco rancio y la pestilencia agria de los orines de tanto animal muerto de miedo. García Márquez siempre ha afirmado que el realismo mágico era simplemente realismo, contar cómo es la costa caribeña de Colombia donde todos los milagros dejan de serlo ante el milagro único de que todo siga venciendo a la violencia y al olvido, venciendo incluso a los muchos más de cien años de soledad del departamento de Magdalena.



En la próxima entrada el viaje sigue por "El tren amarillo", "Tayrona" y "Cartagena de Indias".

Macondo o el vallenato más largo del mundo. y 2


Tayrona

En el parque Tayrona, en la sierra nevada de Santa Marta, los indios kogi cuidan de la armonía universal. De aquí baja un arroyo que se llama Macondo y aquí consigo ver por primera vez el árbol con ese nombre, que ignora su fama y se agarra a las rocas blancas y prehistóricas como las túnicas impolutas de los indios. Macondo es también el nombre de una finca de Aracataca y el de un mundo que nació mientras García Márquez viajaba en tren con su madre para vender la casa del abuelo y leía a Faulkner. A través de los platanales, "cada río tenía su pueblo y su puente de hierro por donde el tren pasaba dando alaridos, y las muchachas que se bañaban en las aguas heladas saltaban como sábalos a su paso para turbar a los viajeros con sus tetas fugaces". Hoy no pasará el tren (existe un proyecto para volver a ponerlo en marcha para el turismo). Es la guagua la que sigue entre plantaciones y niños desnudos hacia el horizonte blanco.

Cerca de Santa Marta, el calor es agudo como el hielo. Escolares con corbata recitan los últimos días de Simón Bolívar en la Quinta de San Pedro Alejandrino. García Márquez los recreó en El general en su laberinto (1989), alejándose de Macondo para caer en un laberinto literario del que le salvarían los vericuetos reales de Cartagena de Indias y sus mansiones coloniales. Aquí nacieron obras como El amor en los tiempos del cólera (1985), inspirada en los amores de sus padres, y Del amor y otros demonios (1994), donde narra la historia de la novicia adolescente Sierva María, que transcurre en el convento de Santa Clara. Amores prohibidos, contrariados, fértiles en hijos y en páginas.

Cartagena de Indias

Por la Ciénaga de la Virgen, de aguas dulces y saladas, entramos en Cartagena de Indias: sueño de piratas y de escritores. El calor se convierte en delirio y todos los demonios tienen nombre de mujer en el Portal de los Dulces: ajonjolí, cabellitos de ángel, maná de leche que curaron el amor de las doncellas, pero no la cólera de los esclavos. La ciudad es un párpado de piedra que se cierra en torno a la nostalgia de tiempos mejores. La casa de García Márquez se arrima a la muralla frente a un malecón por el que pasan coches que nunca se detienen. Una casa que Gabo casi no visita, quizá porque ya no le hace falta pisar el Caribe para recordarlo. García Márquez es el Caribe para millones de lectores de todo el mundo que padecieron el idilio de Sierva María y enloquecieron con el olor de las madreselvas.

"Para mí, el rincón más nostálgico de Cartagena de Indias es el Muelle de la Bahía de las Ánimas, donde estuvo hasta hace poco el fragoroso mercado central. Durante el día, aquélla era una fiesta de gritos y colores, una parranda multitudinaria como recuerdo pocas en el ámbito del Caribe. De noche era el mejor comedero de borrachos y periodistas. Allí estaban, frente a las mesas de comida al aire libre, las goletas que zarpaban al amanecer cargadas de marimondas y guineo verde, cargadas de remesas de putas biches para los hoteles de vidrio de Curaçao, para Guantánamo, para Santiago de los Caballeros, que ni siquiera tenía mar para llegar, para las islas más bellas y más tristes del mundo. Uno se sentaba a conversar bajo las estrellas de la madrugada, mientras los cocineros maricas, que eran deslenguados y simpáticos y tenían siempre un clavel en la oreja, preparaban con una mano maestra el plato de resistencia de la cocina local: filete de carne con grandes anillos de cebolla y tajadas fritas de plátano verde. Con lo que allí escuchábamos mientras comíamos, hacíamos el periódico del día siguiente". La voz de García Márquez resuena a lo largo del viaje, cuya mejor guía es Vivir para contarla (2002), sus memorias.

Muchas palabras después, el viajero metido a escribidor recordará los callejones de Cartagena donde un premio Nobel le enseñó que ser escritor no es otra cosa que estar loco y volvería a recorrer la ruta de García Márquez. Esta vez, con los ojos cerrados.

 Fotos: Parque Tyrona (arriba). Aracataca (abajo)

Saturday, 7 August 2010

Los ojos abiertos

Recupero este texto, publicado originalmente en la Revista Hispanoamericana de Cultura Otro Lunes.


LOS OJOS ABIERTOS

Cerraba los ojos y veía el rostro de Lorenzo. Le veía con los ojos cerrados y cuándo los abría, el dinosaurio ya no estaba pero el gran Lorenzo Silva todavía estaba allí.

Lorenzo y yo compartimos una “road movie” con escenas de acción como aquellas en las que corríamos por las calles entre una emisora de radio y un plató de televisión a punto de lograr el viejo sueño de la humanidad de estar en dos sitios al mismo tiempo. Desayunaba con Lorenzo y cenaba con Lorenzo. Los días en los que no estábamos de gira le echaba de menos. Tenía una conciencia de Lorenzo Silva, de su ausencia, similar a la que tienen los mutilados que sienten los miembros que les han amputado hace tiempo. Conocía las historias de Lorenzo Silva antes siquiera de que las hubiera escrito. Yo siempre había creído en un inconsciente colectivo en el que están todas las historias. Todas las lecturas, las relecturas, las cuartillas rotas no son sino modos de ejercitar el músculo de las palabras, de manera que en los escasos momentos en los que uno siente que le dictan pueda cazar al vuelo la voz que habla en esos instantes en los que se escribe en estado alpha, los momentos que unos llaman inspiración y otros epifanía: los escasos minutos que justifican una vida dedicado a un oficio que para muchos es quimera. Los años de trabajo permiten que esos momentos en que sientes que te dictan las palabras fluyan, que encuentres el tono, la voz y la respuesta. Lorenzo Silva y yo pronto descubrimos que oíamos la misma voz que nos contaba, a veces, las mismas historias. Cuando él presentó mi primera novela Los amantes tristes descubrimos que él estaba preparando una historia sobre Paris, que se parecía tanto a la mía a pesar de ser tan suya. A partir de entonces siempre me he encontrado a Lorenzo Silva en los momentos cruciales de mi vida. Presentó dos de mis novelas, fue generoso con una joven escritora y me colmó de elogios que quizá no merecía. Conocí a Lorenzo leyendo La flaqueza del bolchevique una novela corta que es una gran novela. El éxito del sargento Bevilacqua y su compañera Chamorro quizá ha eclipsado las que para mí son las grandes novelas de Lorenzo Silva: novelas como La flaqueza… y El nombre de los nuestros. Novelas negras en el sentido de que hablan de lo negro del alma a través de lo claro de las palabras. Por eso espero seguir encontrándome a Lorenzo Silva a través de las páginas y los kilómetros con los ojos cerrados y con los ojos bien abiertos. Porque él es el autor que ha ayudado a toda una generación a abrir los ojos.

Sunday, 25 July 2010

Ya no nos duele España


El Jurado del Premio Hucha de Oro: Javier Goñi, José María Merino, Luis Landero, Luis Mateo Díez y Eugenia Rico, celebrando el triunfo de la selección durante la entrega del premio de relato mejor dotado de la lengua castellana.


La victoria de España en el Mundial de Fútbol (y no el de Balonmano ni en el de Baloncesto, ni a las canicas, ni a quien la tiene más larga), ha significado un hito histórico comparable a la Batalla de Lepanto. Un “antes y después” en la epopeya de nuestro inconsciente colectivo. Si era cierto que lo que en Estados Unidos se había llamado “un perdedor” en España lo llamábamos “un buen hombre”, no era menos cierto que no estábamos acostumbrados a ganar, que la derrota era para nosotros una posición moral y hasta estética. Perder con honor, llegar segundo, merecer ganar, pero no ganar, eran toda una filosofía que no carecía de alicientes. Una historia desgraciada nos había hecho desconfiar de los ganadores y su prepotencia. El valor de una afición se materializaba en ser capaz de apoyar en la adversidad y no en la victoria. La derrota era elegante. El triunfo, excesivo. Pero ahora hemos vencido en nuestro particular “Juego de la Pelota". Si para los mayas se jugaba con la vida ante los dioses, a nosotros nos ha equiparado a los dioses.

El mundo entero ha decidido que meter una bola entre dos palos en el momento justo otorga poderes sobrenaturales y el  "New York Times" titula “Spain in the top of the world”. Hemos entrado en el Grupo de 8 países que han ganado un Mundial de Fútbol, lo cual se parece mucho a entrar en el G8. Al menos psicológicamente, nos hemos sacudido el peso del pesimismo y el estigma de ser “tercer mundo”, de ser como estudiaba yo en el colegio, no hace tanto “ un país en vías de desarrollo”. Hemos recuperado la bandera para todos los ciudadanos, de todas las ideologías y de todas las regiones, demostrando que el pueblo está por encima de sus políticos. Nos hemos atrevido a estar orgullosos de nosotros mismos y de pertenecer a la piel de toro.

Todo eso es tan irreversible como lo fueron las horrores del 11M y nos cambia para siempre. De nosotros dependerá darnos cuenta de que somos eso que éramos ayer y de nosotros depende usar esa energía para ser mañana. Si los Zidanes y Pavones del Real Madrid crearon una realidad de empresas con directivos y becarios, esta selección viene proclamando la ausencia de corrupción y de personalismos, el trabajo en equipo y el arrimar el hombro como receta eterna ante la crisis. Podemos, si queremos.

Ahora sabemos que las cosas buenas ocurren, que los sueños a veces se cumplen, que los deseos pueden hacerse realidad y de nosotros depende no olvidarlo para poder meterle un gol a esa portería invisible del día a día.

Eugenia Rico

Thursday, 15 July 2010

En carne propia: Sables y champán

Publicado en el suplemento "Fuera de Serie" fin de semana del periódico Expansión

No quiero que me culpen por querer ser como Ezra Pound, que pasaba aquí seis meses al año; ni como Wagner, que escogió morir a orillas del Gran Canal. Tendré que conformarme con compartir la suerte de la Confrérie du Sabre d'Or, que esta noche de verano y de tormenta en la laguna nombra caballeros a quienes abran con un sólo golpe de sable una botella de champán francés. Yo lo he conseguido, así que no es tan difícil. No tanto como lograr en Venissa, el viñedo-restaurante de Gianluca Bisol, rey del prosecco, donar y revivir el vino del siglo XIV que bebían los Doges. El mundo piensa que Venecia es un lugar para venir con quien se está enamorado y lo cierto es que aquí todos se enamoran, pero de Venissa.



Sunday, 11 July 2010

El aparejador de Dios

Recupero esta semana un texto inédito para muchos de los lectores del blog. Se trata del cuento "El aparejador de Dios", publicado originalmente en el número 94 de la revista Cercha, del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España.

Al pulsar con el cursor sobre la imagen del texto se amplia a mayor tamaño para facilitar la lectura.


2008, página 104.

Saturday, 10 July 2010

Femenino Singular: Eugenia Rico en Literalia.Tv

Recupero la interesante entrevista de la serie Femenino Singular de Literalia Televisión, la primera WEBTV dedicada en exclusiva al mundo del libro.

Literalia Televisión se caracteriza por elevar los estándares de calidad en sus producciones enfocadas a la promoción de la literatura y la promoción de la lectura, por lo que aprovecho para para felicitarles por sus programas, con una producción mimada hasta el extremo, en todos los procesos, con un resultado final didáctico y entretenido, pero sobre todo útil para facilitar el acceso de la literatura al público. Algo que no tiene nada que ver con lo que se ha visto hasta el momento.

Friday, 9 July 2010

El mundo con dos pelotas


La Selección Española ha acabado con las Dos Españas y ha hecho más por la reconciliación nacional y la unidad de España que todos los discursos, las leyes y los partidos, aunque quizá esto nunca hubiera sido posible sin los discursos, las leyes y los partidos.

El triunfo de la selección nos ha devuelto la bandera, una bandera que vuelve a ser de todos los españoles, como la de los franceses o la de los americanos. Todos tenemos derecho a la bandera porque es de todos. La selección, que llenó las calles de banderas rojigualdas como si el siete de julio fuera nuestro 14 juillet, convirtió la victoria en una fiesta pagana, en un rito dionisiaco con muchachas que enseñan los pechos tatuados con la enseña nacional. Un equipo en el que se abrazan el capitán del Barça y el del Real Madrid, con lo más granado de los catalanes dirigidos por un entrenador madridista, una selección convertida en rompeolas de todas las Españas, donde se encuentran todos los caminos, que ha inundado con la bandera de España las calles y los pueblos de Cataluña, del País Vasco, de Asturias y de Andalucía por igual. Que ha demostrado que España existe y que el fútbol en su mejor vertiente es un fabuloso integrador de la identidad y la autoestima nacional (en su lado oscuro puede ser un cómplice del totalitarismo, pero ahora vivimos en el lado soleado de las cosas).

Cuando un equipo gana un Mundial su economía mejora y como me decía un taxista la crisis ha terminado, demostrando de ese modo que la crisis como la victoria es un estado del alma y el subidón de autoestima que estamos a punto de recibir puede cambiarla. La victoria histórica es el mejor símbolo de esta nueva generación de españoles que no ha conocido la penuria ni el pesimismo. El siete de julio de 2010 con la victoria de una selección española llamada la Roja, con las banderas conquistando las calles, con una nueva generación joven acostumbrada a la victoria y no a la derrota, vencido y desarmado el ejército de los pesimistas, la guerra ha definitivamente terminado.

Sunday, 4 July 2010

En Kenia a la búsqueda de Nauchipán


Recupero el audio "Conciencia", emitido en el programa "Lágrimas de cocodrilo" de Mario Caballero el verano de 2004.

Recién llegada de Kenia con los masai donde fui a buscar Nauchipán, aunque no lo encontré. África es un continente dolorido en el que es inevitable preguntarse al ver los safaris si los leones no tendrán mejor porvenir que los niños… Un lugar en el que reina la contradicción…

Tuesday, 29 June 2010

Estadías: Visiones sobre la literatura asturiana


Recupero la entrevista del programa «De par en par» de "Radio Sí" con motivo de la participación en Bruselas en «Estadías: Dos visiones sobre la literatura asturiana», organizada por ASBRU (Asociación de Asturianos en Bruselas) en la Casa de Asturias de la capital belga, el 11 de mayo de 2007 con la conferencia "Persiguiendo un sueño", que se completó con la conferencia de Antonio Gamoneda "Desde el reconocimiento",  el 24 de mayo.

Con esta iniciativa, ASBRU presentó en Bruselas la obra de dos escritores asturianos, junto con sus reflexiones y su particular experiencia en dos puntos distintos del siempre difícil camino literario.
 escucha la entrevista pinchando aquí

Sunday, 20 June 2010

Del hiyab a la ley islámica: Con hiyab me convierto en una inmigrante quizá ilegal

El Mundo. Domingo, 20 de junio de 2010. Suplemento "Crónica".

“Tengo miedo”, me dice Salma mientras me sujeta en la cabeza los alfileres que transforman una bandera blanca en un pañuelo que podría servir para decir adiós o para rendirse en una guerra, pero que ahora hábilmente manipulado por los dedos de Salma (ella no quiere que diga su verdadero nombre), se convierte en la forma de marcar a una mujer. Salma me muestra las distintas modas de llevar el velo: la de las jóvenes, la de las ancianas, la de las chicas chic. El velo más que un símbolo religioso, es el sello de la pertenencia a una comunidad y como tal tiene tantas o más sutilezas que el lenguaje de los abanicos de nuestras abuelas.

Ella lo lleva cada día en la calle. En cuanto llega a mi casa su primer gesto es quitárselo. Sin él Salma es una española más aunque haya nacido en Argelia. Una joven bonita y alta, elegante con sus pantalones vaqueros. Cuando se lo pone para salir a la calle ella misma me dice: “Ahora me pondré el pañuelo y para todo el mundo me convertiré en una mora”. Durante un tiempo se lo quito pero el qué dirán y los deseos de su marido hacen que lo lleve. Salma ha trabajado conmigo durante diez años y puedo atestiguar que no lleva el pañuelo por deseo propio: quitárselo es enfrentarse a las personas que quiere. Ella cree que los hombres lo usan para “marcar” a sus mujeres porque ellos no llevan ninguna señal de su pertenencia al Islam. “Ese es el meollo de la cuestión. Ellos pueden tener novias no musulmanas pero nosotras sólo podemos ser de un musulmán. Es una marca para que seamos sólo de ellos”.

Salma quiere ser una buena musulmana pero también quiere tener amigas españolas y moverse sin sufrir las sutiles miradas de soslayo. Ahora me dice: “Tengo miedo, de mi marido y de la gente de la mezquita. Miedo también por ti. Yo sé que tú respetas mucho el Islam pero algunos de los míos puede que no lo comprendan.” Dicen que el hábito no hace al monje y al pañuelo no debería hacer a la buena musulmana. Salma reza antes de que yo salga a la calle para que Ala me bendiga y mi paseo por Madrid y por el “hiyab” sea para bien.

Vestida con una chilaba y un velo blanco me cruzo con varios de mis vecinos. Ninguno me saluda. Ninguno me reconoce. El hábito no hace al monje y el velo es mucho más que una vestimenta. Vestida así ya no soy Eugenia Rico sino que me convierto en una extranjera. Una inmigrante quizá ilegal. Es una marca que me distingue del rebaño. Para bien o para mal. En la calle me encuentro con un amigo escritor. No me reconoce. Le saludo pero parece tener miedo de mí ahora que voy así vestida. Le explicó que es para un reportaje. No parece muy convencido. Estamos en el centro de Madrid, nadie se fija especialmente en mí aunque recibo muchas miradas hostiles. Ahora soy distinta. El velo a diferencia del niqab o del burka que son vestimentas tribales, forma parte del paisaje urbano. La discriminación que me ha contado tantas veces Salma es sutil, la gente es educada y a pesar de todo, España es uno de los países menos racistas de Europa. O eso quiero creer. Entro en un mercado, le preguntó la dirección a un policía que da un respingo y me responde lo más educadamente posible. Sin embargo cuando intento entrar en una boutique de Fuencarral y no de las más caras, el encargado y los tres empleados se me pegan, como temiendo que vaya a “mangar” algo y prácticamente me echan a la calle. “Aquí no hay nada que te pueda servir”, me dicen.


CLASISTAS, NO RACISTAS

En cambio cuando entro en una tienda barata de sol nadie me dice nada. Parece que es cuestión de precio. En el Ministerio de Igualdad me tratan con amabilidad exquisita aunque no saben nada de políticas de igualdad para las mujeres musulmanas. En la Comunidad de Madrid en Sol ni siquiera me dejan entrar. “Llame al 010, aquí está la Presidenta". El agente en la puerta es amable pero se pone en guardia.

En los grandes almacenes puedo pasar sin problemas. Hago la compra, tomo un refresco, compró el periódico. No llamo la atención. Me miran sólo las otras mujeres con velo. Me cruzo con dos o tres y todas me escrutan. No sé interpretar sus miradas aunque me inquietan. Cuando viaje por Oriente Medio el velo me servía para ser una más, aquí me hace ser distinta. El velo es una marca de los pueblos semitas. Las judías ortodoxas también tienen el precepto de cubrirse la cabeza y suelen hacerlo con una peluca. De esta forma cumplen con el precepto religioso, pero se asimilan al país en el que viven.

Unos chicos árabes me increpan por dejarme fotografiar. Nada que ver con la experiencia que tuve hace unos años cuando me puse el burka un día entero por Madrid. Ante el burka no me dejaron entrar en ningún lado. Hubo gente que quiso agredirme. El burka era el miedo, la máscara. La multitud se abría dejando un metro a cada lado a mi paso. Caminaba creando el vacio a mi alrededor. El velo es una frontera invisible que te separa sutilmente de los demás. Todo el mundo es educado y correcto pero tú estás del “otro lado. “Me gustaría romper el velo, quitarme esa marca que hace que la gente me mire, pero tengo miedo, tengo demasiado miedo” dice Salma cuando le devuelvo el pañuelo. Yo lo he llevado unas horas, ella lo lleva siempre y a menudo pienso que ese trozo de tela es una bandera blanca y como todas las banderas blancas sella una rendición.



Fotos: Antonio Heredia antonioheredia.net